EDIFICANDO
- 4 abr
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El libro de Génesis abre la Biblia relatando el origen de todo lo que conocemos. Para muchos, es una verdad absoluta; para otros, un texto cuestionado o rechazado frente a las explicaciones científicas. Incluso entre creyentes, el relato ha sido motivo de controversia al intentar amoldarlo a la ciencia moderna, olvidando que Dios mismo es el autor de las leyes científicas que rigen el universo.
Sin embargo, si observamos Génesis 1 con detenimiento, descubriremos que más allá de un relato sobre el origen físico, es una clase magistral sobre la vida misma. En sus versículos encontramos principios sobre el proceso, el ritmo, la separación de elementos, el material para construir y, sobre todo, el orden. A través de este diseño, Dios nos revela aspectos fundamentales de Su carácter.
Aunque intuimos que el Creador no necesitaba seis días para hacer Su obra —pudo haberlo hecho en un instante—, decidió hacerlo así para enseñarnos la importancia del proceso. Debido a nuestra naturaleza humana y caída, la inmediatez del milagro no siempre es tan eficaz como el aprendizaje en el proceso. Ejemplos claros son el Faraón o Judas, quienes, a pesar de presenciar milagros extraordinarios, terminaron traicionando su propósito por falta de una transformación interna.
Dios es un Dios de orden. Por ello, desea enseñarnos que el orden es un principio universal necesario para edificar cualquier área de nuestra vida, independientemente de nuestras creencias.
EL ORDEN ANTE EL CAOS

Génesis 1:2 describe un estado inicial: "La tierra estaba desordenada y vacía". ¿Te suena familiar? Esta frase describe con precisión la realidad de muchas personas hoy: vidas sumidas en el desorden y con un vacío que intentan llenar con lo que el mundo ofrece. Es un círculo vicioso donde el caos genera malas decisiones y esas decisiones profundizan el vacío.
Es aquí donde reside la fórmula del fracaso: nadie puede edificar una estructura externa sólida si su vida interior es un caos. Dios no comenzó creando la vida de inmediato; primero puso orden y luego edificó. Intentar construir sobre el desorden es como intentar edificar sobre la arena o sembrar semilla sobre los pedregales: la falta de profundidad y fundamento hará que todo se venga abajo y no dé fruto.
Para edificar algo que permanezca, debemos seguir el modelo del Maestro: primero el orden, después la construcción.
Cualquier proyecto de vida —ya sea un matrimonio, una carrera profesional, el rigor de un deporte o un emprendimiento— requiere una base sólida. Existe una ley invisible pero implacable: el orden es el requisito previo a la edificación. Si intentamos construir sobre el caos, los resultados serán deficientes o, en el peor de los casos, la estructura se vendrá abajo.
Este principio no es una invención humana; es una fórmula de diseño que Dios nos revela desde el origen. En Génesis 1:2, la Biblia describe el estado inicial de la creación: "Y la tierra estaba desordenada y vacía". Es revelador notar que, antes de que Dios se dispusiera a crear la vegetación, los animales o al hombre, Su primer movimiento fue traer estructura al caos.
No se puede llenar lo que no tiene forma, ni se puede sostener lo que no tiene base. Edificar bajo un aspecto secular o espiritual requiere la misma disciplina: organizar el terreno personal. Si tu vida interior es un reflejo de ese estado "desordenado y vacío", cualquier cosa que intentes edificar carecerá de estabilidad. Recuerda Dios no puso a Adán en el caos, primero ordenó el desorden y luego llenó el vacío.
El orden no es una limitante, es la plataforma que permite que lo que construyas permanezca en el tiempo.
LA REALIDAD Y EL ENGAÑO DEL CAOS
El desorden no siempre es vivir en pecado escandaloso; a veces son simplemente prioridades invertidas. Un varón que pone al trabajo antes que a su esposa, o el celular antes que a sus hijos, está intentando construir en un terreno desordenado al no darle la prioridad adecuada a las cosas. Algo tan simple y sencillo, pero que a su vez, refleja una falta de conocimiento en el diseño original. Tomando este ejemplo: ¿en qué lugar real cree usted que se encuentre Dios en la vida de ese varón?
La raíz del problema, es en una gran cantidad de personas que confunden control con orden, al creer que tenemos el control de nuestro entorno. Un pequeño ejemplo, de aquella persona que tiene un desorden en su habitación y al recibir una visita o una mirada de su madre e intentan decirle: "ordena tu cuarto" y se escucha una clásica respuesta: déjame "yo me entiendo en mi desorden" o "es mi desorden y yo me entiendo".
Podemos cerrar la puerta de la habitación desordenada para que nadie la vea. pero nosotros dormimos ahí todos los días y el olor a encierro (el pecado, el estrés) terminará afectando a toda la casa (la familia).
Y refleja la realidad de muchas personas hoy en dia: vidas en caos que intentamos llamar "bajo control" pero la ley del diseño original es implacable: Nadie puede edificar una estructura externa sólida si su vida interior es un caos, pero creemos que si sabemos movernos entre el caos (el "desorden ordenado"), entonces somos dueños de la situación; sin darnos cuenta de la "verdad" el desorden espiritual y emocional son una trampa estructural.
El mayor engaño del enemigo no es hacernos pecadores escandalosos, como ya vimos más atrás, sino hacernos creer que somos administradores eficientes de nuestro propio caos. Creando "caóticos funcionales", trabajamos, proveemos y servimos en la iglesia, así que pensamos: "si todo esto funciona, mi desorden no es tan malo", haciéndonos creer que podemos convivir con el desorden sin que nos afecte: "yo puedo tomar un poco, yo puedo ver esto en internet, yo puedo tratar mal a mi esposa y luego pedir perdón", utilizando muchas veces el orgullo para tapar el desorden emocional o los vicios: "yo se como manejo mi vida", el verdadero poder no es tener el control de todo, sino rendir el control a Dios.
Dios no es un Dios de parches, es un Dios de fundamentos. Si no le das el control del desorden, nunca serás el dueño de tu destino.
LA VERDAD

¿Cuál verdad? Aquella verdad que nos incomoda, que nos molesta o que no queremos escuchar, aquella verdad que revela nuestra condición y la de cada persona en este mundo. Soy un mentiroso, soy un ladrón, soy un mal padre, soy un alcohólico; aquella verdad de la que nos habla Jesús en Juan 8:32, una verdad que debemos conocer y sobre todo aceptar para poder dejar de vivir en cautiverio.
y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:32 NTV) Aunque ha sido utilizada por mucha gente como una frase filosófica bonita, en realidad nos habla de una verdad que viene a exponer la realidad de nuestra condición ante Dios, una realidad que muchas veces nos avergüenza y que no queremos que salga a la luz, por lo cual queremos que siga enterrada en lo más profundo de nuestro corazón, en un lugar tan oscuro para que nadie pueda verla.
Ocultar esto y seguir aparentando una fachada bonita, lo único que ocasiona es una atadura a una vida sin paz, vacía y en caos, creando un círculo vicioso que no tendrá fin. Pero cuando logra salir a la luz nos libera de esas condiciones: adicciones, orgullo o de esa habitación desordenada, para no seguir cargando con el peso de aparentar que todo está bien o de que tenemos el control, cuando en realidad nuestra vida es un caos y corremos el riesgo de que en cualquier momento colapse
Existen muchas personas que son expertas en parchar las grietas o pintar por fuera para que se vea bonito, cuando en realidad las grietas siguen ahí, solo que las hemos ocultado.
Jesús dijo: "La verdad los hará libres". ¿Cual verdad? La verdad de reconocer nuestro estado actual. El orden comienza con la honestidad radical. Abrir la puerta de esa habitación desordenada y dejar que entre la luz para exponer nuestras grietas (adicciones, orgullo, deudas, mentiras).
Reconocer que nuestra tierra está desordenada y vacía es el primer paso para ser libres, solo cuando dejemos de mentirnos diciendo que "tenemos el control" la verdad de Dios comenzará a ordenar nuestro terreno.
He aquí, tú amas la verdad en lo más intimó. (Salmo 51:6 RVR1960) Dios no se impresiona con la fachada de tu casa; Él busca la verdad en el sótano de nuestra vida. La mentira o el engaño sostiene nuestro mundo de forma temporal, pero te esclaviza porque vives con el miedo de que algun dia se venga abajo. La verdad te hace libre porque, aunque te deja desnudo y vulnerable frente a los demás, también te permite empezar a construir de nuevo sobre la roca.
La verdad duele cuando hace que tu mundo se venga abajo, pero es la única que nos hace libres para construir algo que no se caiga y prospere. Si hoy tu casa está agrietada, no le pongas mas parches. Llama al Arquitecto, dile la verdad, y deja que Él ponga el orden que tú no has podido poner en años. La verdad es el primer material de construcción que una persona debe comprar; si no hay verdad en tu matrimonio, en tus finanzas o en tus luchas personales, lo único que estás construyendo es una escenografía, no una casa.
El desorden se alimenta de secretos y mentiras; el orden nace de la luz de la verdad.
A veces Dios tiene que dejar que nuestro mundo se venga abajo no para destruirnos o porque quiere nuestro mal, sino porque Él es un Perito Arquitecto ético que se niega a construir sobre escombros (nuestro desorden). Tiene que limpiar el terreno para que por primera vez, la construcción sea real.
Es por eso que Dios desea que la verdad salga a la luz para librarnos de algo aún peor, es preferible pasar un rato de incomodidad o señalamiento a una eternidad sin su presencia.
EL "CHECK ENGINE"

Les dejo un ejemplo práctico, imagine que va conduciendo su auto y de repente se enciende la luz del "Check Engine" (el motor). Como buen administrador de su propio caos, piensa: "Sé que le falta un cambio de aceite y que trae un ruidito, pero yo lo conozco, yo sé cómo tratarlo para que no se me apague".
En lugar de llevarlo al taller (la verdad que hace libre), decide ignorar la luz o, peor aún, le pega un pedazo de cinta negra encima para no verla (el orgullo que tapa el desorden).
La Mentira: "Mientras camine y me lleve al trabajo, puede esperar unos días más".
El Caos: Por dentro, el metal está rozando con metal, el filtro está tapado y la temperatura sube.
El Colapso: Un dia, en medio de la carretera y con toda tu familia a bordo, el motor se desbiela. No fue mala suerte, fue la consecuencia de creer que tenías el control de un desastre anunciado.
Desgraciadamente existen muchas personas que operan bajo esta forma de vivir.
El motor es nuestro corazón y carácter.
La luz del tablero es esa voz de la conciencia, ese regaño de la esposa, o esa tristeza después de caer en un vicio.
La cinta negra es nuestra religión superficial: "Vengo a la iglesia, doy mi diezmo, así que ignoro el desastre que traigo en mis pensamientos o en mi trato en casa".
El desorden siempre pasa factura. no esperes a que tu motor (tu matrimonio, tu salud, o tu fe) explote en medio del camino para admitir que perdiste el control.
CONCLUSIÓN
Todos en cierta manera tenemos un grado de desorden y muchos otros una vida con un vacío, la pregunta no es si tenemos un desorden o con que la estamos llenando, sino que estamos haciendo con él. Vivimos en una cultura que nos aplaude por ser "exitosos por fuera", aunque estemos "deshechos por dentro". Pero el reino de Dios funciona al revés: El orden privado es el que sostiene el éxito público.
Deja de parchar y empieza a demoler: Si hay una grieta en tu carácter (ira, pornografía, mentira, falta de perdón), no le pongas mas pintura de "religiosidad". Admite ante Dios: "Arquitecto, esta columna está podrida". La Verdad es el único material que no se vence con el tiempo.
Limpia el sótano antes de decorar la sala: Muchos somos excelentes en el trabajo (la sala), pero tenemos un desastre en nuestra relación con nuestra esposa o hijos (el sótano). Así que cuando llegues a casa, no llegues como el "jefe", llega como alguien que viene a servir y a poner orden con amor.
Rinde el control del caos: Quitale la cinta negra al tablero de tu vida. Si la luz del "Check Engine" está parpadeando en tu corazón, no la ignores más. No finjas que el motor esta perfecto, sino ten la valentía de abrir el cofre delante de las personas y de Dios para recibir ayuda.
No se puede edificar una mansión eterna sobre un basurero emocional. Dios no va a bendecir tu desorden, Él va a bendecir tu honestidad para que Él pueda poner orden.
El Uba













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