¡DOS CULTURAS!
- 23 may 2025
- 7 min de lectura
Actualizado: 18 oct 2025

Tristemente, en la actualidad, en nuestro México de hoy; vivimos bajo una cultura disfrazada de buenas costumbres, valores y unión.
Solo basta con echar una mirada a nuestros jóvenes, para darnos cuenta que distamos en gran manera de una cultura de buenas costumbres y valores; solo basta con echar una mirada a nuestras autoridades y ver el nivel de corrupción sobre el que navegan; solo basta con echar una mirada a nuestra sociedad, para darse cuenta, de que va portando una bandera de mentiras y engaños.
Tristemente vivimos una realidad en la que se acentúa cada vez más la falta de buenas costumbres, valores y unión. No estoy diciendo que carecemos de todo esto, pero, también sería irresponsable no darse cuenta que cada vez más personas se suman a la falta de estas cosas.
Y esto no es algo nuevo; así como el Bullying, un termino que utilizamos de una vieja práctica que ha caracterizado a nuestra sociedad por muchísimos años, nunca se ha corregido solo se ha alimentado con esa falta de valores; para alcanzar niveles más radicales y es lo que conocemos como bullying hoy en dia.

De igual manera pasa con nuestro México de hoy. Lo que estamos viviendo no es algo nuevo, es algo que nunca hemos corregido, solo lo hemos alimentado; hemos alimentado dichos populares como: ¡El que no tranza no avanza! con una pérdida de buenas costumbres y valores, inyectandolo en nuestro ADN para hacerlo parte de nuestra cultura.
Lo que estamos viviendo en México no es algo nuevo, solo lo hemos alimentado; para alcanzar niveles más extremos y vivir en una cultura en la que muchas personas creen firmemente que "El que no tranza no avanza".
Aunado a esto, una sociedad que nos dice lo contrario, que pretende o ha logrado hasta cierto punto hacernos creer, mediante mentiras y engaños, que todo está bien y que vamos caminando hacia un futuro mejor. Un sistema que nos habla de una transformación; una transformación que se debe de dar de adentro hacia afuera y no al revés; una transformación que seguimos esperando.

Un sistema que se jacta de una soberanía; una soberanía que ha sido burlada por la delincuencia organizada y la corrupción; una corrupción que poco a poco ha sido inyectada en nuestro ADN para volverse parte de nuestra cultura.
Vivimos en una sociedad tan acostumbrada a las malas costumbres, como la clásica "mordida". Una sociedad que repudia dicha práctica, pero, con un pueblo que la practica diariamente; porque se ha vuelto parte de su cultura.
No se trata de señalar culpables, porque ese es el pan nuestro de cada dia y si así fuere, ¡Todos! tendríamos algo de culpa. Vivimos en un México al que le encanta señalar y juzgar; pero un México en el que poco se hace para alcanzar una verdadera transformación y seguimos enmascarando una cultura de buenas costumbres, valores y unión.
Pero, ¡Alégrate no estamos solos! es una tendencia global, que sin duda nos llevaría al colapso y destrucción de la humanidad, si no fuera por Dios.
Si no fuera por Dios nos habríamos ahogado todos en el gran diluvio, si no fuera por el gran amor que Dios nos tiene y su intervención divina, sin duda la humanidad entera sería muy distinta a la que conocemos hoy en día; gracias a su amor por nosotros es que contamos con la existencia de dos culturas y nos da la esperanza de alcanzar y obtener un futuro, donde no habrá nada de lo malo que hoy experimentamos.
LA CULTURA DEL HOMBRE

En términos muy simples y sencillos, la cultura es: lo que somos, hacemos, creemos o adoramos; hablamos de adoración, porque no podemos ocultar el hecho de que la adoración es algo que está ligado de manera intrínseca en el hombre.
¿Qué clase de personas somos?, de acuerdo a nuestro sistema de principios y valores; ¿Qué clase de cosas hacemos?, de acuerdo a nuestras costumbres y tradiciones. Y, ¿en qué creemos o rendimos adoración?, determinado en gran parte por nuestra cosmovisión.
Diferentes principios, valores, costumbres, tradiciones, diferentes maneras de interpretar el mundo y su existencia. Dan como resultado diferentes culturas, pero, todas creadas por el hombre.
Todo lo que el hombre crea y determina es cultura, una cultura conmovible en un insistente cambio; una cultura que es sacudida por el mundo para vivir bajo sus reglas y condiciones. Una cultura propensa al colapso o aún peor, a la extinción. Una cultura que puede pasar del esplendor a la decadencia, sin darse cuenta.
6 Cuando se la pidan, asegúrense de que su fe sea solamente en Dios, y no duden, porque una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro.
8 su lealtad está dividida entre Dios y el mundo, y son inestables en todo lo que hacen. (Santiago 1:6,8) Los vecinos se mienten unos a otros:
se halagan con la lengua y se engañan con el corazón. (Salmo 12:2)«Mintamos todo lo que queramos—dicen—.
Son nuestros los labios; ¿quién puede detenernos?». (Salmo 12:4) Aunque adoraban al Señor, seguían tras sus propios dioses según las costumbres religiosas de las naciones de donde provenían. (2 Reyes 17:33)Así que el Señor dice:
«Este pueblo dice que me pertenece; me honra con sus labios,
pero su corazón está lejos de mí.
Y la adoración que me dirige
no es más que reglas humanas, aprendidas de memoria. (Isaías 29:13)Y podemos continuar, para darnos cuenta que la biblia cuenta con un retrato exacto de la cultura del hombre. Una cultura que ha sido creada por la mente y corazón del hombre, una cultura que ha sido creada por un ser limitado e imperfecto.
Tampoco podemos decir que todo es malo dentro de la cultura del hombre, ¡No!, también ha tenido y hay cosas buenas. Lo malo, es que es una cultura en la que muchas veces se marcha con estandarte de santo, pero, con capa de Fariseo.
El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso.¿Quién realmente sabe qué tan malo es? (Jeremías 17:9)LA CULTURA DEL REINO

Nuestro señor Jesucristo caminó entre nosotros con un propósito, una promesa y una visión. Morir en la cruz por nuestra salvación, darnos una vida eterna para vivir a su lado y establecer el reino de Dios en la tierra.
Un reino inconmovible, con sus propios principios y valores; creado y gobernado por Dios. Un reino que refleja su gloria y Naturaleza, un reino eterno colmado de justicia, paz, gozo y amor.
Ya que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos y agrademos a Dios adorándolo con santo temor y reverencia, (Hebreos 12:28)Al hablar de un reino por consiguiente hablamos de una nación, hablamos de una cultura, la cultura del reino de Dios; una nación de la que serán parte, solo aquellos que por Fe en Cristo Jesús logren su salvación.
Por su misericordia y por medio de la fe, ustedes son salvos. No es por nada que ustedes hayan hecho. La salvación es un regalo de Dios
(Efesios 2:8) pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. (Juan 1:12) Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
(Gálatas 3:26)
Al convertirnos en hijos de Dios, entramos en un proceso de transformación que nos ayudará a acoger y seguir su cultura; la cultura del Reino de Dios. Una cultura que el mundo no conoce y rechaza, una cultura contraria a la de este mundo
10 Vino al mismo mundo que él había creado, pero el mundo no lo reconoció. 11 Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron;
12 pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. (Juan 1:10-12) Vivimos en un mundo que te dice: ¿Por qué vas a perdonar a alguien que te hizo daño?, no lo perdones, ¡Desquitate! En cambio Dios te dice: Perdona, ama y bendice a tu enemigo.
Aunque el Reino de Dios aún no ha sido establecido en su totalidad aquí en la tierra, como hijos de Dios creemos y sabemos con certeza que llegara el dia en que nuestro señor Jesucristo regresará a establecer el Reino de Dios. Mientras tanto, como hijos de Dios debemos entender y comprender que nuestra nueva y verdadera ciudadanía no está en este mundo, sino en el cielo; debido a que ya no formamos parte de este mundo, ahora somos y formamos parte del pueblo de Dios
Hemos adquirido una nueva nacionalidad con beneficios, pero, también con obligaciones y responsabilidades de las cuales nos gozamos. Somos parte de una nueva cultura, la cultura del Reino.
9 Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey,[a] una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa.
10 «Antes no tenían identidad como pueblo, ahora son pueblo de Dios.
Antes no recibieron misericordia,
ahora han recibido la misericordia de Dios (1 Pedro 2:9-10)En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, donde vive el Señor Jesucristo; y esperamos con mucho anhelo que él regrese como nuestro Salvador. (Filipenses 3:20)Esta nueva ciudadanía, esta nueva nacionalidad y este pueblo santo, dan parte a una nueva cultura; que nos definirá para que el mundo vea quienes somos, que hacemos y en que creemos. Con las obligaciones y responsabilidades de hacerlo, siguiendo los pasos de nuestro Señor Jesucristo.
Un pueblo santo, que llegado el momento formará parte del Reino de Dios, donde ya no habrá más dolor ni tristeza.
Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: ¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.
Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto. Todas esas cosas ya no existirán más. (Ap. 21:3-4 NTV) Solo existen dos culturas, la cultura del hombre que es la que el mundo te ofrece, con un destino que sin duda te llevará a la muerte. Y la cultura del Reino, que es la que Dios te ofrece, con un destino hacia una vida eterna, plena y abundante al lado de Dios.
Dos opciones y una elección que tú deberás tomar.













La cultura del hombre como bien dices no es que no tenga nada bueno, de hecho hay muchas personas que viven conforme a la cultura del hombre pero tienen principios del Reino, eso mantiene una esperanza de cambio de cultura, hacia la cultura del Reino de Dios.