PSICOANÁLISIS DEL CORAZÓN
- 22 nov 2025
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Actualizado: 29 nov 2025

De nuestro corazón emana la vida, física y espiritual.
Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. (Proverbios 4:23 NVI)
¿Cuál es el problema con las personas? ¿Cuál es el problema con la humanidad? ¿Por qué existe tanto odio, muerte y destrucción? ¿Por qué no hay paz en el mundo? Estas son solo algunas de las muchas preguntas que la gente se hace con respecto a lo que estamos viviendo hoy en día, alrededor del mundo.
Y las personas empiezan a señalar otras personas, y los países empiezan a señalar a otros países, y continuamos sin resolver nuestras diferencias y conflictos, pero ¿¡Cuál es el problema!? Sin temor a equivocarme, puedo decirle que el problema a todo esto radica en el corazón del hombre.
Lo fue desde el inicio y lo seguirá siendo hasta el final. ¡Si!, ese pequeño órgano que se encuentra en el centro de nuestro pecho, pero cargado ligeramente a la izquierda; así es, ese órgano que se encarga de bombear nuestra sangre, de limpiar nuestra sangre y de proporcionarle oxígeno y nutrientes para mantenernos con vida. Ese órgano que para muchos es una simple bomba que mantiene en orden nuestro flujo sanguíneo, pero muchas veces en caos nuestra vida personal, ya que en realidad este órgano es tan complejo como el cerebro mismo y aún más.
El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso.
¿Quién realmente sabe que tan malo es? (Jeremías 17:9)
Pues del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia. (Mt 15:19)
El Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal. (Génesis 6:5 NBLA)Cuenta la historia, que hace miles de años existía un faraón en el poderoso Egipto, que no conocía a Dios, y del cual se cree que su nombre era Ramsés II, ¿Ya sabe usted de quien estoy hablando? Este faraón, reinaba con mano dura al pueblo de Israel y lo hacia con un corazón endurecido, por una falta de empatía o compasión por el dolor, sufrimiento o necesidad ajena. Cegado por un corazón ególatra y egocéntrico, el faraón mantenía cautivo al pueblo de Israel bajo una opresión cruel y despiadada.
Debido a todo esto, un día, Dios decidió presentarse ante el faraón para llevar un mensaje por medio de su profeta Moisés, un mensaje que sin duda cambiaria el rumbo de las cosas; al llegar Moisés a Egipto con su hermano Aarón y llegado el momento fue llevado ante el faraón para dar a conocer el mensaje de Dios.
Después de haber hablado con los ancianos, Moisés y Aarón fueron a ver al faraón, y le dijeron: ―Le traemos un mensaje de parte del Señor, Dios de Israel. Así dice el Señor: “Deja salir a mi pueblo, porque quiero que vayan al desierto a hacerme fiesta y a adorarme”. (Éxodo 5:1 NBV)El faraón escucho el mensaje y las intenciones de Dios para con el pueblo de Israel, y a pesar de haber visto el poder y la autoridad de Dios, el faraón se negó a ceder, no una, sino varias veces. Debido a un corazón cegado y endurecido por sus propios deseos, el faraón permitió que su orgullo y ambición lo llevaran a rechazar la voluntad de Dios.
La mayoría conoce el final de la historia: el faraón muere y el pueblo de Israel es liberado. A simple vista muchos dirán o pensarán, para los que conocen toda la historia, que lo sucedido aquí fue un acto arbitrario de Dios para demostrar su poder y gloria por medio de él. Hay veracidad en estas palabras, pero no todo es correcto, el actor intelectual de esta muerte no fue la voluntad de Dios, sino la de su propio corazón. Un corazón que decidió no aceptar y creer en Dios, cegado a tal grado que fue incapaz de ver la verdad y la gloria de Él.
¿Le parece familiar algo de esto? Aunque esta historia sucedió hace miles de años, en la actualidad ese pequeño órgano en nuestro cuerpo sigue teniendo el mismo problema y lo ha tenido desde el comienzo. Y aunque ciertamente no todos los corazones reaccionan igual ante el llamado de Dios, es indudable que el corazón del hombre es propenso ha reaccionar de acuerdo a sus deseos y voluntad afectando de manera positiva o negativa sus acciones y decisiones. Como si tuviera una mente propia, invitando a nuestra alma a realizar lo que él quiere.
Dios mismo nos advierte sobre la condición del corazón: "Engañoso es el corazón mas que todas las cosas y perverso; ¿Quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9). Esto se refleja en nuestra tendencia a justificar nuestros errores y pecados, engañándonos a nosotros mismos, en lugar de reconocerlos y arrepentirnos.
Distintos corazones, distintos deseos y pensamientos, haciéndonos caer en diferencias y conflictos por no desear o pensar lo mismo. Sumado a esto un mundo materialista que actúa como aliado para alimentar o fomentar estos deseos que observamos día a día en nuestra sociedad.
No es necesario realizar un psicoanálisis del corazón, Dios ya lo ha hecho por nosotros y se encuentra en la biblia. Él conoce perfectamente el corazón del hombre, y a pesar del paso del tiempo, Él sabe perfectamente que el corazón del hombre sigue siendo propenso a los mismos problemas y debilidades que el faraón experimento: ambición, egoísmo, orgullo, egocentrismo, obstinación.
La historia del faraón no es solo un relato, es una descripción y un llamado que ha trascendido a través de los años, llegando a ser una descripción o un reflejo de lo que sucede en los corazones de muchas personas hoy en día al escuchar el mensaje de Dios y un llamado a la reflexión para darnos cuenta de que clase de corazón tenemos y no cegarnos por sus deseos y voluntad para cometer el mismo error.
Como dice la palabra de Dios: "Examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Tesalonicenses 5:21). Pero, ¿Cómo podemos hacer esto si nuestro corazón esta cegado por nuestros deseos y voluntad? La respuesta esta en la biblia al decirnos que: "si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados" (1 Juan 1:9). Esto es motivo de esperanza y animo para buscar la verdad, el camino y la vida en Cristo Jesús.
P.D. ¿Estás dispuesto a examinar tu corazón y a dejar que Dios lo transforme?
El Uba













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